Mi camino hacia la oposición de maestro: aquí tienes los mejores consejos

No fue fácil, pero como decían en la mítica serie de Fama, la “fama cuesta”. Y en este caso, un trabajo fijo también. Esto no es fácil. Cuando la gente se queja de los maestros, y por decirlo de otra manera, de los funcionarios, no ven el enorme trabajo que hay detrás de una plaza fija. Y yo puedo dar fe de ello.

La verdad es que cuando pienso en todo lo que supuso preparar la oposición de maestro, todavía me recorre una mezcla de cansancio, pero sobre todo de orgullo. Como os digo, no fue un camino fácil, pero sí lleno de aprendizajes que van mucho más allá de aprobar un examen. Hoy quiero contar cómo viví ese proceso, con mis aciertos y errores, y dar algunos consejos que ojalá le sirvan a quienes estén ahora en plena preparación. Ante todo, ánimo que sí se puede.

Mi vocación

Yo siempre tuve claro que quería ser maestro. Me apasiona enseñar, ver cómo un niño descubre algo por primera vez y sentir que de algún modo has contribuido a despertar esa chispa de curiosidad. Pero claro, las ganas no son suficientes. Ya que en este país, para entrar en la enseñanza pública hay que superar una oposición, y yo la verdad es que no sé si es la mejor fórmula, porque entran en juego muchas razones. Y ahí empezó mi reto.

Al principio pensé que podría prepararlo por mi cuenta. Descargué temarios, busqué esquemas en internet y me organicé un plan casero de estudio. Durante unas semanas funcionó, pero pronto me di cuenta de que me faltaba estructura. No sabía bien si lo que estaba estudiando era lo más actualizado, si mi programación estaba bien planteada o si mi forma de responder iba a convencer a un tribunal. La verdad es que yo sabía que me faltaba algo.

Fue entonces cuando decidí apuntarme a una academia de oposiciones en Valladolid. Esa decisión cambió mi preparación por completo. La academia Preparadores de Valladolid me dio algo que yo necesitaba mucho: orden, que tengo que reconocer que no es mi fuerte en esta vida.

Cada semana teníamos un plan claro, materiales revisados, simulacros de examen y, sobre todo, profes que ya habían pasado por el proceso y sabían de primera mano qué esperaba el tribunal. No voy a decir que de repente todo se volvió fácil, porque no es verdad, pero sí sentí que caminaba ya hacia algún lado.

Consejos

Uno de los mayores consejos que me dieron en la academia, y que yo ahora repito, fue trabajar la programación didáctica desde el inicio. Muchos opositores lo dejan para el final, y luego llegan con prisas y sin poder pulirla. Yo empecé pronto, con borradores sencillos, y cada mes añadía detalles o corregía cosas con la ayuda de los preparadores.

El día que tuve que defenderla delante del tribunal, me sentí seguro porque ya era un documento muy trabajado y mío, de verdad.

Otra cosa que me ayudó mucho fueron los simulacros orales. Al principio me daba vergüenza exponer delante de mis compañeros, me quedaba bloqueado, me temblaba la voz. Pero esas prácticas me dieron más soltura, me obligaron a organizar ideas rápido y a perder el miedo, a hablar con gente mirándome y tomando notas. El tribunal, al final, es un grupo de personas igual que nosotros, y se nota cuando alguien transmite con naturalidad.

El entorno

El apoyo emocional también cuenta en este caso. Hubo días de bajón, de querer tirar la toalla. Ahí fue fundamental mi familia, mis amigos y también los propios compañeros de academia, porque solo alguien que está en lo mismo entiende de verdad la montaña rusa de emociones que supone opositar. Compartir un café después de clase y desahogarnos era tan valioso como una tarde de estudio.

Si estás leyendo esto y estás en el proceso de una oposición, te diría tres cosas o tres consejos, cógelo como quieras. Primero, organiza bien tu tiempo y respeta los descansos; segundo, rodéate de gente que te apoye, ya sea una academia, compañeros o familia; y tercero, cree en ti, aunque a veces cueste.

Cuando llegó el examen, yo estaba nervioso, claro, pero también tranquilo porque sabía que me había preparado lo mejor que podía. Y sí, claro que lo conseguí.

La oposición no es solo un examen, yo creo, y me pongo algo ñoño, es un viaje personal que te fortalece y te enseña tanto como enseñarás tú algún día en clase. Mucha suerte y si algún día eres maestro con plaza fija, espero que te acuerdes de este artículo y de los consejos de este humilde profesor.

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